El aire es prácticamente invisible porque las moléculas que lo componen no
interactúan con la luz visible de una manera que nuestros ojos puedan
detectar. En resumen,
el aire no es realmente invisible; es casi completamente transparente a la
luz visible.
Como apenas refleja, absorbe o dispersa esa luz, nuestros ojos no pueden
distinguirlo directamente. Sólo percibimos sus efectos o las partículas que
contiene.
Más concretamente:













