lunes, 23 de febrero de 2026

GREGOR JOHANN MENDEL (1822-1884), EL PADRE DE LA GENÉTICA

(Resumen biográfico)

Gregor Mendel (1822-1884) fue un monje agustino y naturalista austriaco, conocido como el "padre de la genética". Entre 1856 y 1865, cultivó y analizó miles de plantas de guisantes (Pisum sativum) en su monasterio, descubriendo los principios básicos de la herencia, hoy conocidos como las leyes de Mendel (ley de la uniformidad, ley de segregación y ley de la combinación independiente)
Aspectos Clave de su Vida y Obra:
     Experimentos: Estudió cómo se transmitían siete características (forma, color, altura, etc.) a través de generaciones, identificando rasgos dominantes y recesivos.
     Enfoque: Utilizó un novedoso enfoque matemático y estadístico para sus estudios de hibridación, lo que le permitió formular reglas claras.
     Reconocimiento: Su trabajo fue inicialmente ignorado por la comunidad científica durante más de 30 años y su relevancia se reconoció hasta el siglo XX.
     Aportes: Sus hallazgos establecieron que las características heredables son aportadas por "elementos" (genes) que se separan y se heredan independientemente. 

¿CUÁLES SON LAS LEYES DE MENDEL?
Las leyes de Mendel son tres principios fundamentales que describen cómo se transmiten los caracteres hereditarios de padres a hijos, formuladas por Gregor Mendel tras sus experimentos con guisantes. Estas son: 
     1.ª Ley de la Uniformidad: Si se cruzan dos razas puras (homocigotas) para un determinado carácter, todos los descendientes de la primera generación (F1) serán iguales entre sí, tanto fenotípica (apariencia) como genotípicamente, mostrando el rasgo dominante.
     2.ª Ley de la Segregación: Durante la formación de los gametos, los pares de alelos se separan (segregan), de modo que cada gameto recibe solo un alelo de cada par. Esto explica por qué el carácter recesivo reaparece en la segunda generación (F2) en una proporción de respecto al dominante.
     3.ª Ley de la Transmisión Independiente: Los diferentes rasgos (caracteres) se heredan independientemente unos de otros, por lo que el patrón de herencia de un rasgo no afecta al de otro. Esto solo se cumple para genes que no están ligados. 
    Los experimentos de Mendel establecieron las bases de la genética moderna al demostrar que los rasgos son determinados por factores hereditarios (genes) que vienen en pares (alelos), donde los dominantes se expresan sobre los recesivos. 

RESEÑA

    En el año 1900, tres científicos convergieron en una encrucijada de la investigación: cada uno de ellos, sin previo conocimiento de la labor de los otros dos, había hallado las reglas que gobiernan la herencia de caracteres físicos por los seres vivos. Los tres hombres eran Hugo de Vries, holandés; Carl Correns, alemán, y Erich Tschermak, austrohúngaro.

Los tres se aprestaron a anunciar al mundo su descubrimiento, mas no sin hojear antes diversas publicaciones científicas y comprobar si había trabajos anteriores en ese campo. Su asombro fue mayúsculo cuando encontraron un increíble artículo de un tal Gregor Johann Mendel, en un ejemplar de una oscura publicación de hacía treinta y cinco años. Mendel había observado en 1865 todos los fenómenos que los tres científicos se disponían a exponer en 1900.

Los tres tomaron la misma decisión, y con una honradez que es una de las glorias de la historia científica abandonaron toda pretensión de originalidad y llamaron la atención sobre el descubrimiento de Mendel. Los tres se limitaron a exponer su labor como mera confirmación.

Gregor Johann Mendel nació en 1822 en el seno de una familia campesina. Su vida transcurrió tranquila y sin grandes avatares (exceptuando su gran descubrimiento); primero fue monje y más tarde abad en el monasterio de agustinos de Bruenn, Austria. (La ciudad se llama hoy Brno y pertenece a Checoslovaquia.)

Mendel tenía dos aficiones, la estadística y la jardinería, y de la combinación de ambas sacó buen partido. Desde 1857, y durante ocho años, se dedicó a cultivar guisantes. Con sumo cuidado autopolinizó varias plantas, cerciorándose de que las semillas así obtenidas heredasen sólo las características de uno de los padres. Pacientemente fue recogiendo las semillas producidas por cada planta autopolinizada, las plantó una por una y estudió la nueva generación.

Comprobó que si plantaba semillas de guisantes enanos sólo crecían guisantes enanos. Y las semillas producidas por esta segunda generación también daban guisantes enanos exclusivamente. Las plantas enanas del guisante se reproducían «fielmente», digámoslo así.

Las semillas de las plantas grandes de guisante no siempre se comportaban de esa manera. Algunas de ellas (aproximadamente un tercio de las que crecían en el jardín) se reproducían fielmente y daban plantas grandes en todas las generaciones. Pero no así en el resto, que era la mayoría. Las semillas de algunas de ellas daban plantas grandes, mientras que las de otras engendraban plantas enanas. Y estas semillas producían siempre tres veces más de las primeras que de las segundas.

Evidentemente, había dos clases de plantas grandes del guisante: las que se reproducían fielmente y las que no.

Mendel avanzó entonces otro paso. Cruzó plantas enanas con plantas grandes de las que se reproducían fielmente. Las semillas serían ahora el producto de dos progenitores desiguales. ¿Qué pasaría? Los descendientes ¿serían unos enanos v otros grandes?

Pues no; cada una de esas semillas «híbridas» engendró una planta grande. Parecía que la característica del enanismo había desaparecido.

Mendel autopolinizó luego cada una de las plantas híbridas y estudió los resultados: los descendientes eran todos ellos del tipo de reproducción infiel. Una cuarta parte de las semillas engendraron plantas enanas de reproducción fiel; otra cuarta parte dio lugar a plantas grandes de reproducción fiel; y la mitad restante engendró plantas grandes de reproducción infiel.

Es claro que las plantas grandes de reproducción infiel albergan en sí ambas características, la de planta grande y la de planta enana. Cuando se hallaban presentes ambas características, sólo se ponía de manifiesto la del tamaño grande, que era, por tanto, «dominante». Pero el enanismo, aunque era «recesivo» y no visible, seguía estando allí y aparecía en la siguiente generación.

Mendel halló así su «primera ley de la herencia». Estudió también la herencia de otras características y elaboró las correspondientes reglas.

Pero Mendel era sólo un aficionado y no logró que ningún científico importante se interesara en su trabajo. Publicó un artículo en un pequeño periódico local y nadie le prestó atención. Y así pasó inadvertido durante treinta y cinco años.

Mendel murió en 1884, sin proseguir el trabajo que había terminado en 1865 y sin ver reconocida su labor.

La ciencia que fundó Mendel se llama hoy día «genética». Es una ciencia joven, en la que quedan muchas cosas por descubrir. El estudio detenido de cómo se heredan ciertas anomalías físicas ayudará algún día a los médicos a recomendar o desaconsejar ciertos matrimonios, así como a prever la posible aparición de enfermedades como la diabetes en una persona concreta.

La genética mira tanto hacia el pasado como hacia el futuro. El estudio, por ejemplo, de la distribución de los grupos sanguíneos heredados revela hasta cierto punto las rutas que siguió el hombre primitivo en sus migraciones. Por otro lado, la genética de los microorganismos ha adquirido una importancia singular. La manera en que se hereda la capacidad de realizar ciertas síntesis químicas en diversos hongos y bacterias ha revelado a los bioquímicos los caminos exactos por los que se forman determinadas sustancias químicas del cuerpo. Por un trabajo de este tipo recibieron el Premio Nobel los doctores G. M. Beadle y E. L. Tatum.

ENLACES A MÁS INFORMACIÓN SOBRE GREGOR MENDEL

Gregor Mendel, el padre de la genética, National Geographic, España

Leyes de Mendel, Wikipedia


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