domingo, 28 de junio de 2026

LOS SUEÑOS DE EINSTEIN-5

El quinto sueño de la novela Los sueños de Einstein, de Alan Lightman, del 26 de abril de 1905, imagina un mundo donde el tiempo transcurre más lento en lugares altos y más rápido en los bajos, alterando decisiones y vidas, entre ellas una marcada jerarquización social de sus habitantes, quienes parecen determinar su valía por la altitud de sus viviendas: “La altura se ha convertido en estatus social”.
Las personas viven en las montañas para alargar su vida porque allí el tiempo transcurre más lentamente, pero terminan olvidando el motivo y sacrificando su bienestar por unos instantes más de tiempo.

QUINTO SUEÑO
• 26 DE ABRIL DE 1905 

En este mundo se advierte instantáneamente algo extraño. No se ven casas en los valles ni en las llanuras. Toda la gente vive en las montañas. 
        En algún momento del pasado los científicos descubrieron que el tiempo fluía más lentamente cuanto mayor fuera la distancia desde el centro de la Tierra. El efecto era minúsculo, pero podía medirse con instrumentos extremadamente sensibles. Cuando se conoció el fenómeno, unas pocas personas, ansiosas por mantenerse jóvenes, se marcharon a las montañas. Ahora todas las casas se construyen en el Dom, el Matterhorn, el Monte Rosa y otros terrenos altos. Es imposible vender casas en otras partes. 
        Muchos no se contentan con instalar sus hogares en la montaña. Para obtener el máximo efecto, construyen sus casas sobre pilares. Las cumbres de todo el mundo están cubiertas de estas construcciones, que desde lejos parecen bandadas de aves corpulentas con patas finas y largas. Quienes desean vivir más tiempo construyen sus casas con los zancos más altos. 
        En verdad, algunas casas se elevan a casi un kilómetro de altura sobre esos delgados mástiles de madera. La altura se ha convertido en estatus social. Cuando alguien debe alzar la vista desde la ventana de su cocina para mirar a un vecino, piensa que a ese vecino las articulaciones se le endurecerán más tarde, que no tendrá arrugas ni se le caerá el pelo ni perderá el deseo de un romance antes que él. Del mismo modo, una persona que mira una casa situada más abajo tiende a pensar que sus ocupantes son viejos, débiles y miopes. 
        Algunos se jactan de haber vivido toda su vida en las alturas, de haber nacido en la casa más alta del pico más alto sin haber descendido jamás. Celebran su juventud en sus espejos y caminan desnudos por sus balcones. 
        De vez en cuando un negocio urgente les obliga a salir de sus casas y entonces no pierden tiempo: bajan apresuradamente sus largas escaleras, corren hasta otra escalera o hasta el valle, cierran sus transacciones y regresan tan pronto como pueden a sus hogares o a otros lugares elevados. Saben que a cada paso el tiempo fluye justamente un poquito más deprisa y que envejecen un poquito más rápido. A ras del suelo nadie se sienta. Todos corren llevando sus carteras o sus compras. 
        En cada ciudad hay una pequeña cantidad de residentes que ya no se preocupan de envejecer algunos segundos antes que sus vecinos. Estas almas aventureras descienden al mundo inferior durante varios días, descansan bajo los árboles que crecen en el valle, nadan sosegadamente en los lagos de cotas más cálidas, ruedan sobre la hierba. Apenas miran sus relojes y no saben si es lunes o martes. Cuando los otros pasan corriendo a su lado y se burlan, ellos se limitan a sonreír. 
        Con el tiempo la gente ha olvidado por qué la altura es mejor. No obstante siguen viviendo en las montañas, evitan en la medida de lo posible las regiones inferiores, enseñan a sus hijos a apartarse de los niños de niveles menos elevados. Toleran el frío de las montañas por el hábito y gozan de la falta de comodidades como parte de su educación. Hasta se han convencido de que el aire es bueno para sus cuerpos y, de acuerdo con esta lógica, se someten a una dieta de escasez y rechazan todos los alimentos, excepto los más sutiles. Ahora se han vuelto huesudos, delgados como el aire, envejecidos antes de tiempo.

NOTA DEL ADMINISTRADOR
Debo anotar, que los ciudadanos en este sueño tienen todo al revés, lo que quizá haya contribuido a su vejez antes de tiempo.
La teoría de la relatividad de Einstein demostró que el tiempo no transcurre igual para todos. La simultaneidad es relativa, y el tiempo puede dilatarse o contraerse dependiendo de la velocidad y la gravedad.
La fuerza de gravedad entre dos objetos es más fuerte si tienen mayor masa y más débil si están más lejos. La presencia de un campo gravitatorio intenso ralentiza el paso del tiempo. O sea, el tiempo fluye más lento cerca de una fuente de gran masa (donde la gravedad es fuerte) y más rápido lejos de ella (donde la gravedad es débil).
Por lo tanto, el tiempo pasa más lento en la llanura (o, más técnicamente, a nivel del mar) que en las montañas. 
Mayor gravedad = Tiempo más lento: La gravedad de la Tierra es más intensa cuanto más cerca estás de su centro. En la llanura, al estar más cerca del centro del planeta, la fuerza gravitacional es mayor, lo que ralentiza el paso del tiempo.
Menor gravedad = Tiempo más rápido: En la cima de una montaña, estás más lejos del centro de la Tierra, lo que significa que la gravedad es ligeramente menor. Por lo tanto, el tiempo transcurre un poco más rápido.
La velocidad es el otro factor que afecta el paso del tiempo. Cuanto más rápido se mueve un objeto, más lentamente pasa el tiempo para ese objeto en comparación con un observador que se mueve más despacio o está en reposo. Este efecto sólo es perceptible a velocidades cercanas a la de la luz, pero se mide incluso en la Tierra. Un reloj en la superficie de la Tierra funciona ligeramente más lento que un reloj en las montañas, el espacio o en la Luna, donde la gravedad es menor. 
Estos efectos, aunque imperceptibles en la vida diaria, son medibles con instrumentos atómicos de suma precisión y cruciales para tecnologías como los sistemas de GPS, que deben ajustar sus relojes para tener en cuenta la menor gravedad y la mayor velocidad en órbita en comparación con la superficie terrestre.
Un caso interesante es el de los astronautas en la estación espacial. Para ellos, el tiempo pasa más lento en comparación con las personas en la Tierra. Aunque la menor gravedad en el espacio tendería a acelerar el tiempo, la altísima velocidad orbital de la ISS (aproximadamente 28,000 km/h) provoca una dilatación temporal que ralentiza el tiempo para ellos.

Enlace a todos los Sueños de Einstein, publicados en Cauce de Letras

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