El tercer sueño (19 de abril de 1905) de la novela
Einstein's Dreams, de Alan Lightman, imagina un mundo donde el tiempo
tiene tres dimensiones y cada decisión abre varios futuros posibles que
ocurren al mismo tiempo en mundos paralelos infinitos.
TERCER SUEÑO
19 de abril de 1905
Es una fría mañana de noviembre y ha caído la primera nieve. Un hombre con un
largo abrigo de cuero mira desde su balcón en un cuarto piso de la Kramgasse
la fuente de Záhringer y la calle blanca. Puede ver hacia el este la frágil
aguja "de la catedral de St. Vincent y hacia el oeste el techado curvo de la
Zytgloggeturm. Pero el hombre no mira hacia el este ni hacia el oeste. Tiene
la vista clavada en un sombrerito rojo caído en la nieve, abajo, y reflexiona.
¿Debería ir a la casa de la mujer en Friburgo? Sus manos aferran la
balaustrada de metal, la sueltan, vuelven a asirla. ¿Irá a visitarla? ¿Debe
visitarla?
Decide que no volverá a verla. Es manipuladora e intransigente y puede hacer
de su vida una vida miserable. Además podría ser que él ya no le interesara.
De modo que decide no volver a verla. Se contenta con la compañía de los
hombres. Trabaja duramente en la empresa farmacéutica, donde apenas repara en
la directora adjunta. Por las tardes va a beber con sus amigos a la cervecería
de la Kochergasse; aprende a preparar lafondue. Tres años más tarde conoce a
otra mujer en una tienda de prendas de vestir en Neuchátel. Es encantadora. Le
hace el amor muy, muy suavemente a lo largo de varios meses. Transcurrido un
año, viene a vivir con él en Berna. Viven tranquilamente, pasean junto al Aar,
son buenos compañeros, envejecen felices.
En el segundo universo, el hombre del largo abrigo de cuero decide que verá
nuevamente a la mujer de Friburgo. Apenas la conoce; puede ser una
manipuladora y sus movimientos sugieren ligereza, pero la manera en que se
suaviza su cara cuando sonríe, esa risa, ese uso inteligente de las
palabras... Sí, debe volver a verla. Va a su casa en Friburgo, se sienta a su
lado en el sofá, un momento más tarde advierte que su corazón palpita, se
siente débil al contemplar sus brazos blancos. Hacen el amor ruidosa y
apasionadamente. Ella lo persuade a trasladarse a Friburgo. Deja su empleo en
Berna y empieza a trabajar en la oficina de Correos de Friburgo. Arde de amor
por ella. Vuelve a su casa a mediodía. Comen, hacen el amor, discuten, ella se
queja, necesita más dinero, él trata de razonar, ella le arroja ollas, vuelven
a hacer el amor, él regresa a la oficina de Correos. Ella amenaza con
marcharse, pero no lo abandona. Él vive para ella y es feliz con su propia
angustia.
En el tercer universo él también decide que volverá a verla. Apenas la conoce,
ella puede ser una manipuladora y sus movimientos sugieren ligereza, pero esa
sonrisa, esa risa, ese uso inteligente de las palabras... Sí, volverá a verla.
Va a su casa en Friburgo, ella lo recibe en la puerta, ambos toman el té en la
mesa de la cocina. Hablan del trabajo de ella en la biblioteca, de él en la
empresa farmacéutica. Una hora más tarde ella dice que debe salir a ayudar a
una amiga, se despide, cambian un apretón de manos. Él recorre los treinta
kilómetros que hay hasta Berna, se siente vacío en el tren que lo lleva de
regreso, va a su apartamento en un cuarto piso sobre la Kramgasse, sale al
balcón y contempla un sombrerito rojo caído sobre "la nieve.
Estas tres cadenas de acontecimientos suceden simultáneamente. Porque en este
mundo el tiempo tiene tres dimensiones, como el espacio. Así como un objeto
puede desplazarse en tres direcciones perpendiculares, la horizontal, la
vertical y la longitudinal, aquí puede también participar en tres futuros
perpendiculares. Cada futuro se mueve en una dirección diferente del tiempo.
Cada futuro es real. Cuando se toma una decisión, visitar a una mujer en
Friburgo o comprar un abrigo nuevo, el mundo se divide en tres mundos, donde
residen las mismas personas, si bien con diferentes destinos. En el tiempo hay
una infinidad de mundos.
Algunos toman sus decisiones a la ligera; sostienen que todas las decisiones
posibles terminarán por ocurrir. En ese mundo, ¿cómo puede alguien ser
responsable de sus acciones? Otros afirman que es preciso considerar toda
decisión y comprometerse con ella; sólo ese compromiso puede evitar el caos.
Estos últimos no tienen inconveniente en vivir en mundos contradictorios
mientras sepan el porqué.
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