«El tiempo absoluto» o «El refugio de la certeza»
La búsqueda humana de certeza frente a la incertidumbre de la existencia.
SEXTO SUEÑO DE EINSTEIN
28 de abril de 1905
No es posible pasear por una avenida,
conversar con un amigo, entrar en un edificio, vagabundear bajo los arcos de
arenisca del viejo pórtico sin ver un instrumento del tiempo.
El tiempo es visible en todas partes. Relojes
de las torres, relojes de pulsera, campanas de las iglesias dividen los años
en meses, los meses en días, los días en horas, las horas en segundos: cada
incremento temporal marcha tras otro en perfecta sucesión. Y más allá de
cualquier reloj particular, el vasto andamiaje del tiempo se extiende por todo
el universo y establece con ecuanimidad la ley del tiempo para todos. En este
mundo, un segundo es un segundo es un segundo. El tiempo avanza con exquisita
regularidad, exactamente a la misma velocidad en todos los rincones del
universo. El tiempo es una regla infinita. El tiempo es absoluto.
Todas las tardes, los pobladores de Berna se
reúnen en el extremo oeste de la Kramgasse.
Allí, a las tres menos cuatro minutos, la
Zytgloggeturm rinde tributo al tiempo. En lo alto de la torre bailan los
payasos, cantan los gallos, los osos tocan pífanos y tambores: sonidos y
movimientos se sincronizan exactamente gracias al giro de los engranajes, que,
a su vez, se inspira en la perfección del tiempo. A las tres en punto una gran
campana resuena tres veces: la gente verifica sus relojes y regresa a sus
despachos en la Speichergasse, a sus tiendas de la Marktgasse, a sus campos
situados más allá de los puentes sobre el Aar.
Las personas religiosas ven en el tiempo la
prueba de la existencia de Dios. Porque sin duda nada perfecto podría haber
sido creado sin un Creador. Nada puede ser universal sin ser divino. Todos los
absolutos son parte del Absoluto. Y así como los absolutos, también el tiempo.
Por eso los filósofos de la ética han puesto al tiempo en el centro de sus
creencias.
El tiempo es la referencia para juzgar todas
las acciones. El tiempo es la claridad que distingue el bien y el mal.
En una lencería de la Amthausgasse, una mujer
conversa con una amiga. Acaba de perder su empleo. Durante veinte años ha
trabajado en la Bun-deshaus, tomando nota de los debates. Ha mantenido a su
familia. Ahora, con una hija que todavía está en la escuela y un marido que se
pasa dos horas en el cuarto de baño todas las mañanas, la han despedido. Su
jefa, una mujer grotesca con el pelo empapado en brillantina, había llegado
por la mañana y le había ordenado que pusiera en orden su escritorio para el
día siguiente. La amiga escucha en silencio, pliega cuidadosamente el mantel
que acaba de comprar, quita un hilo suelto del jersey de la mujer que acaba de
perder su empleo. Las dos amigas convienen en encontrarse a tomar el té a las
diez de la mañana siguiente. A las diez en punto. Diecisiete horas y cincuenta
y tres minutos a contar desde este momento. La mujer que acaba de perder el
empleo sonríe por primera vez en varios días. Ve en su mente el reloj de la
pared de su cocina, que marcará los segundos desde ahora hasta mañana a las
diez sin interrupción, sin consulta. Y otro reloj similar, sincronizado, en la
casa de su amiga. Mañana a las diez menos veinte, la mujer se pondrá la
bufanda, los guantes y el abrigo y echará a andar por el Schifflaube, pasando
el puente Nydegg, "hasta la casa de té de la Postgasse". En otro punto de la
ciudad, a las diez menos cuarto, su amiga saldrá de su casa en la
Zeughausgasse y se dirigirá hacia el mismo lugar. A las diez en punto se
encontrarán. Se encontrarán a las diez en punto.
Un mundo en que el tiempo es absoluto es un
mundo de consuelo. Porque en tanto que los desplazamientos de las personas son
imprevisibles, el movimiento del tiempo es previsible. En tanto que puede
dudarse de las personas, no puede dudarse del tiempo. Cuando las personas
cavilan, el tiempo pasa de largo sin mirar hacia atrás. En los cafés, los
edificios oficiales, las embarcaciones, la gente consulta el reloj y se
refugia en el tiempo. Cada uno sabe que en alguna parte están registrados los
momentos en que nació, dio el primer paso, sintió su primera pasión, dijo
adiós a sus padres.
© Traducción de Carlos Peralta, 1993
INTERPRETACIÓN Y ANÁLISIS
En el capítulo del
28 de abril de 1905 de la novela Einstein's Dreams de Alan Lightman, el
sueño de Einstein imagina un universo en el que
el tiempo es absoluto, perfecto e inmutable. Transcurre igual para
todos, en todas partes, sin excepciones.
En ese mundo, el tiempo se convierte en el eje de la vida humana
• Los relojes dominan la vida cotidiana y la
sociedad rinde un homenaje casi ceremonial a la puntualidad.
• Muchas personas consideran que la perfección
del tiempo es una prueba de la existencia de Dios.
• Filósofos y moralistas utilizan el tiempo
como referencia para juzgar las acciones humanas.
• El tiempo representa el único elemento
completamente confiable y estable.
Las claves de este sueño y sus implicaciones para la humanidad son las
siguientes
• Naturaleza del tiempo: El tiempo se describe como una "regla infinita". Un segundo dura exactamente
lo mismo en cualquier esquina del universo. Avanza con una regularidad
exquisita y matemática, de forma idéntica para todos los seres y
lugares.
• Visibilidad omnipresente:
En este mundo, es imposible caminar por la calle, hablar con alguien o entrar
a un edificio sin cruzarse con un reloj. El tiempo lo gobierna todo
visualmente a través de las torres, campanas e instrumentos mecánicos.
• El tiempo como consuelo:
Paradójicamente, este control absoluto funciona como un refugio psicológico
para las personas. A diferencia de los seres humanos —que son impredecibles,
cambian de opinión, dudan o guardan rencores— el tiempo absoluto nunca
defrauda ni mira hacia atrás; es el único elemento completamente confiable y
estable.
• El costo existencial:
Al aferrarse a la perfecta predictibilidad de los relojes para huir de la
incertidumbre de las relaciones humanas, las personas se vuelven esclavas de
la rutina. Encuentran orden, pero a costa de perder la espontaneidad de la
vida.
Significado
Alan Lightman contrapone la incertidumbre de la vida humana con la regularidad
del tiempo. En este sueño, las personas encuentran consuelo en un tiempo
perfectamente ordenado, porque, aunque los seres humanos cambian, decepcionan
y sorprenden, el tiempo nunca falla. Así, el tiempo se convierte en un refugio
psicológico frente al caos de la existencia.
Aclaración
Este relato es el opuesto directo a lo que Albert Einstein terminaría
demostrando ese mismo año en el mundo real: que
el tiempo no es absoluto, sino relativo.
Texto de la Interpretación y análisis
por Isaías Ferreira Medina, con la asistencia de IA
Enlace a todos los Sueños de Einstein, publicados en El Indagador TecnoCientífico
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