En Los sueños de Einstein, de Alan Lightman, los interludios sirven como un
puente entre los sueños imaginarios de Einstein y el mundo real del
Einstein de 1905.
Son fundamentales para la estructura del libro.
INTERLUDIO—i1
Einstein y [Michele] Besso caminan
lentamente por la Speichergasse al atardecer. Es una hora tranquila del día.
Los tenderos recogen los toldos y preparan sus bicicletas. Desde la ventana de
un segundo piso, una madre llama a su hija para que vuelva a casa a preparar
la cena.
Einstein le explica a su amigo Besso por qué trata de conocer el tiempo. Pero
nada ha dicho de sus sueños. Pronto estarán en casa de Besso. A veces Einstein
se queda allí a cenar y Mileva
[Marić] va a buscarlo, con el niño en brazos. Esto suele ocurrir cuando un
nuevo proyecto se apodera de Einstein, como ahora, y él mueve espasmódicamente
una pierna debajo de la mesa durante toda la cena. Einstein no es una buena
compañía para cenar.
Se inclina sobre Besso, que tampoco es alto, y dice:
—Quiero comprender el tiempo porque trato de acercarme al Viejo.
Besso, de acuerdo, asiente. Pero hay problemas que Besso señala. Uno, tal vez
al Viejo no le interese acercarse a sus creaciones, inteligentes o no.
Otro, no es evidente que el conocimiento sea un acercamiento. Y otro más es
que el proyecto del tiempo podría ser demasiado grande para un hombre de
veintiséis años.
Por otra parte, Besso piensa que su amigo quizá sea capaz de todo. Este año,
Einstein ha completado su tesis doctoral, terminado una monografía sobre los
fotones y otra sobre el movimiento browniano. El proyecto actual empezó como
una investigación sobre la electricidad y el magnetismo que, como un día
anunció bruscamente Einstein, exigía una nueva concepción del tiempo. A Besso
le fascina la ambición de Einstein.
Durante un rato, Besso deja solo a Einstein con sus pensamientos. Se pregunta
qué habrá preparado
Anna
[Winteler] (*) para la cena y mira al final de una calle lateral donde una
barca plateada brilla en el Aar al sol de poniente. Mientras los dos hombres
caminan, sus pasos resuenan suavemente sobre los cantos rodados. Se conocen
desde sus días de estudiantes en Zurich.
—He recibido una carta de mi hermano en Roma —dice Besso—. Vendrá a visitarnos
durante un mes. Anna lo quiere porque él siempre la felicita por su figura.
—Einstein sonríe ausente—. No podré verte después del trabajo cuando mi
hermano esté aquí. ¿Estarás bien?
—¿Cómo? —pregunta Einstein.
—No podré verte mucho cuando venga mi hermano —repite Besso—. ¿Estarás bien
estando solo?
—Por supuesto —responde Einstein—. No te preocupes por mí.
Desde que Besso lo conoce, Einstein ha sido siempre autosuficiente. Su familia
se instaló aquí mientras él crecía. Como Besso, está casado, pero apenas sale
con su mujer. Incluso en su casa, se aleja furtivamente de Mileva en mitad de
la noche y llena, en la cocina, largas páginas de ecuaciones que al día
siguiente mostrará a Besso en la oficina.
Besso mira con curiosidad a su amigo. En un hombre tan introvertido y
recluido, resulta extraño ese apasionado deseo de acercamiento.
(*) Enlace para conocer algo sobre Anna Besso Winteler, esposa de Michele Besso: Genius
Wiki
LOS INTERLUDIOS
¿Cuál es el propósito de los interludios?
En Los sueños de Einstein, de Alan Lightman, los interludios (3 en total) sirven como
un puente entre los sueños imaginarios de Einstein y el mundo real del
Einstein de 1905.
Son fundamentales para la estructura del libro.
1. Nos devuelven al Einstein histórico
Los sueños presentan versiones imaginarias del tiempo: mundos en los que el
tiempo puede detenerse, avanzar hacia atrás, transcurrir a distintas
velocidades o comportarse de maneras extrañas.
Los interludios interrumpen estas fantasías y nos devuelven al Einstein que
vive en Berna, Suiza, en 1905.
Lo vemos:
• trabajando en la oficina de patentes;
• caminando por las calles de Berna;
• pensando en problemas de física;
• relacionándose con su esposa, Mileva, y con otras personas;
• conversando con su amigo Michele Besso;
• tratando de comprender la naturaleza del tiempo y la relatividad.
De este modo, el libro alterna:
Sueño → Realidad → Sueño → Realidad
2. Vinculan los sueños ficticios con el pensamiento real de Einstein
Los interludios hacen que el lector se pregunte:
¿Son estos sueños simplemente fantasías literarias, o están surgiendo de
alguna manera de las ideas que Einstein está desarrollando sobre el
tiempo?
La conexión es deliberadamente sugerente, más que literal.
El Einstein histórico está trabajando en las ideas que conducirán a la
teoría de la relatividad especial, mientras que el Einstein ficticio imagina
posibilidades radicalmente diferentes para el tiempo.
Los interludios crean así un diálogo entre la física y la imaginación.
3. Proporcionan un marco histórico
Sin los interludios, el libro podría parecer una colección de fantasías
filosóficas independientes. Los episodios del mundo real le
proporcionan un eje histórico y biográfico.
Sabemos que esos sueños imaginarios ocurren durante el período en que Einstein
estaba desarrollando las ideas que desembocarían en sus revolucionarios
trabajos de 1905.
Se establece así un contraste fascinante:
Einstein histórico: intenta comprender qué es realmente el tiempo.
Einstein de los sueños: imagina cómo sería el mundo si el tiempo fuera
diferente.
4. Crean un ritmo entre la abstracción y la experiencia humana
Los sueños son frecuentemente filosóficos y abstractos.
Los interludios nos devuelven a la vida humana cotidiana: conversaciones, paseos, relaciones, soledad, trabajo y amistad.
Esto es importante porque la pregunta central de Lightman no es solamente:
¿Qué es el tiempo según la física?
También pregunta:
¿Cómo sería la vida humana si el tiempo realmente se comportara de otra
manera?
Los interludios permiten pasar de lo cósmico a lo personal.
5. Subrayan el aislamiento de Einstein
Hay además una función más sutil. Los interludios presentan repetidamente a
Einstein como alguien un tanto separado de las personas y del mundo que lo
rodean. Está físicamente presente en la vida cotidiana, pero mentalmente se
encuentra en otro lugar: absorto en preguntas sobre el tiempo, la luz, el
movimiento y la realidad.
Esto crea una imagen poética del científico:
El hombre que camina por las calles de Berna mientras su mente viaja por
universos posibles.
6. Ayudan a dar unidad a la estructura del libro
El libro no es una novela convencional con una trama continua.
Su estructura se parece más a una meditación o a una composición
musical:
Sueño → Interludio → Sueño → Interludio → Sueño...
Los sueños son variaciones sobre el tema del tiempo. Los interludios son
variaciones sobre el tema de la vida de Einstein.
Ambas líneas narrativas van convergiendo a medida que nos acercamos
a junio de 1905, cuando Einstein culmina su revolucionario trabajo
sobre la relatividad.
El propósito más profundo
Se podría decir que la función literaria fundamental de los interludios es
esta:
Hacen que la filosofía imaginaria de los sueños resuene con la realidad
histórica de la vida de Einstein.
Lightman no está escribiendo simplemente sobre la teoría de la relatividad de
Einstein.
Está explorando el extraordinario momento en que una persona intenta
reimaginar la realidad misma.
Los sueños preguntan:
¿Y si el tiempo fuera así?
Los interludios preguntan:
¿Qué clase de persona podría imaginar algo semejante?
Y juntos crean una de las tensiones centrales del libro:
física ↔ filosofía
imaginación ↔ realidad
cosmos ↔ vida humana
tiempo abstracto ↔ tiempo vivido
Por eso, los interludios son mucho más que simples transiciones entre
capítulos:
son el hilo que convierte una colección de mundos imaginarios en el retrato
del despertar intelectual y humano de Einstein.
Fuente del texto sobre los interludios adaptado por Isaias Ferreira
Medina con la asistencia de IA.
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