(Resumen biográfico)
Charles Darwin (1809–1882) y
Alfred Russel Wallace (1823–1913) fueron dos naturalistas británicos
que, de manera independiente, llegaron a una misma idea fundamental: la
evolución de las especies mediante selección natural.
Charles Darwin
Charles Darwin fue un naturalista inglés. Su famoso viaje a bordo del
HMS Beagle (1831–1836) le permitió observar una enorme diversidad de
animales, plantas y fósiles, especialmente en América del Sur y las
islas Galápagos.
A partir de esas observaciones comenzó a preguntarse por qué las especies
cambiaban y cómo podían surgir nuevas especies.
Su gran intuición fue que:
Los individuos presentan variaciones; algunos rasgos favorecen la
supervivencia y reproducción; esos rasgos tienden a heredarse y, generación
tras generación, pueden transformar las poblaciones.
Darwin llamó a este proceso selección natural.
Publicó su explicación completa en 1859, en
On the Origin of Species (El origen de las especies).
Imagen del HMS Beagle
Alfred Russel Wallace
Alfred Russel Wallace fue también un naturalista británico, pero
desarrolló gran parte de su trabajo en Sudamérica y el
archipiélago malayo, donde estudió miles de especies.
Wallace llegó independientemente a la idea de la selección natural. En
1858, mientras estaba enfermo en las Molucas, escribió un ensayo en el
que explicaba su teoría y se lo envió a Darwin.
Darwin llevaba muchos años trabajando sobre una teoría prácticamente
equivalente, pero todavía no había publicado su investigación.
Esto llevó a una situación extraordinaria:
Darwin y Wallace presentaron conjuntamente sus ideas sobre la selección
natural ante la Linnean Society de Londres en 1858.
Al año siguiente, Darwin publicó El origen de las especies, que desarrolló la teoría con mucha mayor extensión y evidencia.
¿En qué se parecían y en qué se diferenciaban?
La coincidencia fundamental era extraordinaria:
Darwin: variación → competencia → supervivencia diferencial → reproducción
→ selección natural → evolución.
Wallace: llegó esencialmente al mismo mecanismo mediante sus propias
observaciones de la naturaleza.
Pero sus intereses posteriores fueron diferentes. Darwin dedicó gran parte de
su vida a desarrollar y documentar la evolución en múltiples ámbitos. Wallace
se convirtió además en uno de los fundadores de la biogeografía, estudiando la
distribución geográfica de las especies.
Una de las ideas más interesantes de Wallace fue que
la geografía ayuda a explicar la evolución: las especies que viven en
regiones diferentes pueden seguir historias evolutivas diferentes. De hecho,
la famosa línea de Wallace, que separa zonas biogeográficas de
Indonesia, lleva su nombre.
Y aquí aparece una conexión interesante con Asimov
En su ensayo sobre creatividad,
Asimov utiliza precisamente a Darwin y Wallace como ejemplo de cómo una
idea nueva puede surgir de la conexión de ideas que ya existen.
Ambos conocían la teoría de Thomas Malthus sobre el crecimiento de las
poblaciones y la lucha por los recursos. Esa idea ayudó a Darwin y Wallace a
comprender que, si los organismos producen más descendientes de los que pueden
sobrevivir, necesariamente habrá una competencia en la que ciertas variaciones
resultarán ventajosas.
Por eso, para Asimov, Darwin y Wallace son un magnífico ejemplo de
creatividad como conexión: no necesariamente se inventa algo desde
cero; a veces se reúnen elementos conocidos de una manera que revela una idea
completamente nueva.
CHARLES DARWIN Y ALFRED RUSSELL WALLACE
Reseña por Isaac Asimov
Uno de los libros más asombrosos que jamás se haya escrito apareció en 1859,
hace más de un siglo. Sólo se tiraron 1,250 ejemplares, y al día siguiente de
salir a la calle no quedaba ni uno en las librerías. Se hicieron reimpresiones
y desaparecieron con la misma celeridad.
El libro desató una enconada batalla de polémicas, donde fue objeto de ataques
y de defensas; pero, finalmente, se alzó con la victoria. El libro es
científico y no fácil de leer, y en
algunos puntos está ya anticuado, pero jamás perdió popularidad.
El título completo es Sobre el origen de las especies a través
de la selección natural, o la preservación de las razas favorecidas en la
lucha por la vida. Hoy día lo conocemos sencillamente por
El origen de las especies. El autor era un naturalista inglés,
de nombre Charles Robert Darwin.
Charles Robert Darwin nació en Inglaterra, el 12 de febrero de 1809 (el
mismo día que, en una lóbrega choza de los bosques americanos, nació
Abraham Lincoln). Darwin, a diferencia de Lincoln, nació en el
seno de una distinguida familia, rodeado de comodidades. El padre y el abuelo
de Darwin eran médicos, y su abuelo Erasmus Darwin era también poeta y
naturalista.
La educación académica de Darwin apuntó en un principio hacia la Medicina, e
incluso llegó a marchar a Edimburgo para iniciar su formación médica. Pronto
comprobó que aquello no le interesaba. Sin embargo, fue en aquella época
cuando conoció y trabó amistad con varios científicos y descubrió que quería
ser naturalista, como su abuelo.
Su vida dio el giro decisivo en 1831, cuando se enroló en el Beagle, un
buque que estaba haciendo un periplo de cinco años por todo el mundo para
explorar diversas costas y engrosar los conocimientos geográficos de aquel
entonces. Darwin se enroló en calidad de naturalista, encargado de estudiar la vida animal y vegetal de lugares remotos.
La primera escala fue Tenerife, en las islas Canarias, y
Brasil la segunda. Darwin capturó allí insectos y ñandús (grandes aves
que han perdido la capacidad de vuelo). A medida que fueron bajando hacia el
Sur observó que con el cambio de clima también cambiaban los tipos de plantas
y animales. En la costa occidental de Sudamérica, donde el clima es distinto
del de la oriental, observó muchos tipos que sólo se daban allí, y no en la
otra costa. Por otro lado, desenterró esqueletos de animales fósiles que no
eran iguales que los de la actualidad.
Darwin observó una cosa curiosa acerca de las «especies». (Una «especie» es una clase de planta o animal que sólo procrea entre
individuos pertenecientes a ella. Los perros y los zorros son especies
distintas, por ejemplo; pero en cambio no lo son los collies y los
terrier.) Darwin observó que en las islas Galápagos (un grupo de islas frente
a la costa de Ecuador, en Sudamérica) cada isla tenía su propia especie de
pinzón (hoy se les sigue llamando «pinzones de Darwin»). Encontró nada menos
que 14 tipos, cada uno de ellos ligeramente distinto de los demás. Unos tenían
pico largo, otros corto, poco fino algunos, curvado otros, etc.
¿Por qué cada islote tenía su propia especie? ¿Sería que en un principio
había una sola especie y que al vivir en islas distintas se había
ramificado en varias, cada una de ellas provista de un pico especialmente
apto para capturar el alimento (semillas, lombrices o insectos) de que se
nutría ese tipo concreto de pinzón? Una especie ¿podía transformarse en
otra?
Tras abandonar las islas Galápagos, el Beagle cruzó el Pacífico
y recaló en diversos puertos e islas de Australia. Darwin se preguntó por qué
el canguro, el vombat y el valabi vivían sólo en Australia y en ninguna otra
parte, y lo explicó de la siguiente manera: Australia es una isla muy grande
que en tiempos formaba parte de Asia hasta que el nivel del mar subió y la
separó del continente. Al quedar así aislada, cambiaron los seres vivientes de
la isla y aparecieron nuevas especies. Darwin llegó así a la conclusión de que
las especies sí cambian.
Finalizado el viaje, Darwin dedicó muchos años a estudiar estos cambios en las
especies. Hasta aquel momento eran muy pocos los que creían en la posibilidad
de que una especie sufriera transformaciones, y nadie había encontrado una
razón convincente que explicara el cambio. Darwin necesitaba hallar esa razón.
Hacia aquella época cayó en sus manos un libro famoso escrito por un clérigo
llamado T. R. Malthus. Malthus afirmaba que la población crecía
siempre más deprisa que los recursos alimenticios, de manera que siempre
habría algunos que morirían de hambre.
¡Claro! pensó Darwin. Todos los animales engendran muchas más crías de las que
pueden vivir con los recursos alimenticios disponibles. Algunas tenían que
morir para dejar el sitio a las demás. Y ¿cuáles morirían? Evidentemente, las
que fuesen menos aptas para vivir en su medio.
Para aclararlo un poco más, supongamos que llevamos cierto número de perros a
Alaska y otros tantos a Méjico. Los perros de Alaska que, por casualidad,
tuvieran un pelaje más espeso sobrevivirían mejor en el gélido clima nórdico.
Los perros de Méjico que hubiesen nacido con un pelaje ligero soportarían
mejor el clima caluroso. Al cabo de un tiempo sólo existirían perros muy
lanudos en Alaska y perros de poco pelo en Méjico, amén de otros cambios
debidos a otras diferencias ambientales. Al cabo de miles de años habría
tantas diferencias, que los dos grupos de perros ya no podrían cruzarse entre
sí. En lugar de una especie habría ahora dos. He ahí un ejemplo de lo que
Darwin llamó «selección natural».
En 1858, Darwin seguía trabajando en un libro que había empezado en 1844. Los
amigos le apremiaban, advirtiéndole que le iban a pisar la idea. Pero a Darwin
no había quién le metiera prisa... y en efecto, hubo quien se le adelantó:
Alfred Russel Wallace, inglés igual que Darwin, pero catorce años más
joven.
La vida de Wallace fue muy parecida a la de Darwin: su afición a la naturaleza
la tuvo desde pequeño y también participó en una expedición a islas
lejanas.
Wallace estuvo en la Sudamérica tropical y en las Indias Orientales. Aquí observó que las plantas y animales que vivían en las islas más al Este
(las que continúan hasta Australia) eran completamente distintos de los de las
islas del Oeste (las que prosiguen hasta Asia). La línea entre los dos tipos
de vida era nítida y serpenteaba el archipiélago:
hoy día se sigue llamando «línea de Wallace».
En 1855, durante su estancia en Borneo, le vino la idea de que las especies
tenían que cambiar con el tiempo. Y, en 1858, empezó a reflexionar también,
igual que Darwin, sobre el libro de Malthus,
llegando a la conclusión de que los cambios tienen lugar por selección
natural, que él llamó «la supervivencia de los más aptos».
Pero había una diferencia entre Darwin y Wallace: después de catorce
años, el primero estaba trabajando aún en el libro, mientras que Wallace, de
otro talante, concibió la idea, se sentó a escribir y lo despachó en dos días.
¿Y a quién diremos que envió Wallace el manuscrito para su lectura y crítica?
Al famoso naturalista Charles Darwin, naturalmente.
Cuando éste lo recibió se quedó de piedra: eran exactamente sus mismas ideas,
e incluso expresadas en un lenguaje parecido. Darwin era un auténtico
científico: aunque había trabajado durante tanto tiempo en la teoría (y tenía
testigos para demostrarlo), no trató de arrogarse el mérito. Inmediatamente
pasó la obra de Wallace a otros científicos de talla. Y ese mismo año apareció
en el Journal of the Linnaean Society un artículo firmado por
ambos.
Al año siguiente terminó finalmente Darwin su gran libro,
El origen de las especies, que el público esperaba ya con impaciencia.
La mayor laguna en el razonamiento de Darwin es que no sabía exactamente
cómo los padres transmitían sus caracteres a la descendencia, ni por qué los
descendientes diferían entre sí. La pregunta la contestó Mendel en 1865, sólo seis años después de publicarse
el libro de Darwin; pero la obra de Mendel permaneció inédita hasta 1900
(véase pág. 81).
Darwin murió el 19 de abril de 1882 y nunca llegó a conocer bien las leyes
de la herencia.
Wallace vivió hasta 1913 y él sí conoció la obra de Mendel y de otros
genetistas.
La gente suele decir que
Darwin fue el creador de la «teoría de la evolución», la teoría de que la
vida comenzó en formas elementales, fue cambiando lentamente, se hizo más
compleja y desembocó, finalmente, en las especies actuales.
Lo cierto es que él no fue su creador, porque muchos pensadores, entre los que
no puede dejarse de señalar al francés Jean Baptiste de Lamarck, habían
expuesto ya teorías parecidas (la de Lamarck es cincuenta años anterior).
Incluso el abuelo de Darwin tenía una de esas teorías, a la que dedicó un
largo poema.
La gran aportación de Darwin y Wallace consistió en elaborar la teoría de
la selección natural para explicar los cambios de las especies.
Y quizá algo más importante aún:
Darwin presentó una cantidad ingente de pruebas y razonamientos lógicos que
respaldaban la teoría de la selección natural.
Una vez publicado el libro de Darwin, los biólogos tuvieron que rendirse a la
evidencia.
Los cambios de las especies habían sido hasta entonces simple especulación.
A partir de 1859 hubo que aceptarlo como un hecho. Y así sigue siendo.
La idea de Darwin Wallace revolucionó la concepción de los biólogos:
convirtió las ciencias de la vida en una sola ciencia. El hombre pasó a
ocupar el lugar que le correspondía en el esquema de la vida, pues también
él, como las demás especies, provenía de formas más elementales.
Biografía de Charles Darwin, en
Wikipedia
Biografía de Alfred
Russell Wallace, en Wikipedia


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