En Los sueños de Einstein (Einstein’s Dreams), de Alan Lightman, el sueño fechado el 4 de mayo de 1905 imagina un
mundo donde
el tiempo transcurre de manera tan lenta que parece inmóvil, porque
está estrictamente ligado a los acontecimientos. En este universo de ficción,
si nada cambia ni empieza ni termina, el tiempo prácticamente deja de fluir.
¿Qué sería de nuestra vida si el cambio dejara de ser una parte esencial
del tiempo?
OCTAVO SUEÑO DE EINSTEIN
4 de mayo de 1905
Es de noche. Dos parejas, una suiza, otra inglesa, ocupan su mesa habitual en
el comedor del Hotel San Murezzan en St. Moritz. Se reúnen aquí todos los
años, en el mes de junio, a conversar y a gozar de las aguas. Los hombres
están muy elegantes, con chaqué y faja blanca, y las mujeres hermosas con sus
vestidos de noche. El camarero se acerca por el elegante entarimado, toma nota
de los pedidos.
—Parece que mañana tendremos buen tiempo —dice la mujer con una cinta de
brocado en el pelo—. Será un alivio. —Los demás asienten—. Los baños son tanto
más agradables cuando hay sol. Aunque supongo que no tiene importancia.
—En Dublín apuestan cuatro a uno a Running Lightly —dice el almirante—. Si
tuviera el dinero probaría suerte. —Guiña un ojo a su mujer.
—Le daré cinco a uno si quiere jugar —responde el otro hombre.
Las mujeres parten sus panecillos, extienden mantequilla sobre ellos, apoyan
cuidadosamente los cuchillos en el borde de los pequeños platos para el pan.
Los hombres miran hacia la entrada.
—Me encanta el encaje de estas servilletas —dice la mujer del brocado en el
pelo. Coge su servilleta y la despliega, luego la vuelve a plegar.
—Dices eso todos los años, Josephine —dice la otra mujer, sonriendo.
Llega la cena. Esta noche, langosta a la borde-laise, espárragos, filetes,
vino blanco.
—¿Está bien tu langosta? —dice la mujer del brocado a su marido.
—Espléndida. ¿Y la tuya?
—Algo picante. Como la semana pasada.
—¿Cómo está el filete, almirante?
—Nunca me he resistido a un buen trozo de ternera —responde, feliz, el
almirante.
—No se nota que coma usted mucho —dice el otro hombre—. No ha aumentado un
kilo desde el año pasado, ni siquiera en los últimos diez años.
—Quizás usted no lo nota, pero ella sí —dice el almirante, guiñando un ojo a
su mujer.
—Puede ser que me equivoque, pero este año hay más corrientes de aire en las
habitaciones —dice la mujer del almirante. Los demás asienten, siguen comiendo
langostas y filetes—. Yo siempre duermo mejor en una habitación fresca, pero
si hay corrientes me despierto con tos.
—Ponte la sábana sobre la cabeza —dice la otra mujer.
La mujer del almirante dice que sí, pero parece sorprendida.
—Cúbrete la cabeza con la sábana y las corrientes no te molestarán —insiste la
otra mujer
—A mí me ocurre siempre en Grindelwald. La ventana está al lado de la cama.
Puedo dejarla abierta si me tapo con la sábana hasta la nariz. Protege del
aire frío.
La mujer del brocado se mueve en su silla, descruza las piernas debajo de la
mesa.
Llega el café. Los hombres se retiran al salón de fumar, las mujeres a los
columpios de mimbre del gran patio exterior.
—¿Cómo han marchado los negocios durante este año? —pregunta el
almirante.
—No me puedo quejar —responde el otro hombre, bebiendo un sorbo de
brandy.
—¿Los niños?
—Han crecido un año.
En la galería, las mujeres se mecen y contemplan la noche.
Y lo mismo ocurre en todos los hoteles, todas las casas, todas las ciudades.
Porque en este mundo el tiempo pasa pero es poco lo que ocurre. Así como
ocurren pocas cosas de un año a otro, sucede lo mismo de un mes a otro, de un
día a otro. Si el tiempo y la sucesión de los acontecimientos son lo mismo,
entonces el tiempo apenas se mueve. Si el tiempo y los acontecimientos no son
la misma cosa, entonces son las personas las que apenas se mueven.
Si un hombre no tiene ambiciones en este mundo, sufre sin saberlo. Si es
ambicioso, lo sabe y sufre, pero no tiene prisa.
© Traducción de Carlos Peralta, 1993
Breve interpretación
El sueño plantea una pregunta sencilla pero profunda:
¿Qué sería de nuestra vida si el cambio dejara de ser una parte esencial
del tiempo?
Estamos acostumbrados a pensar que el paso del tiempo significa deterioro,
pérdida y transformación. Lightman introduce la posibilidad contraria:
un tiempo casi inmóvil. Pero entonces descubrimos que nuestra identidad
y nuestra experiencia dependen precisamente de que las cosas cambien.
El sueño sugiere que
vivir no consiste simplemente en que transcurra el tiempo, sino en
experimentar cambios dentro de él. Sin cambio, la memoria pierde parte de su
sentido, las decisiones pierden urgencia y el futuro deja de ser
verdaderamente futuro.
En este mundo, la atmósfera es profundamente estática:
casi nada cambia de un año a otro. Las personas conversan con los
mismos gestos y repiten las mismas rutinas.
El tiempo avanza tan lentamente que los cambios de la vida parecen casi
inexistentes.
Los personajes permanecen aferrados a sus rutinas y a un mundo que apenas se
transforma.
Lightman plantea que, dado que el tiempo se define por la sucesión de eventos
(un inicio y un final), en un entorno donde la vida de la gente carece de
transformaciones o novedades, el tiempo mismo se ralentiza hasta convertirse
en un manto glacial. El paso de los minutos es imperceptible porque la
actividad humana está estancada.
La paradoja es que, en un universo donde el tiempo casi no cambia las cosas,
la estabilidad puede convertirse en una forma de prisión. Lo que inicialmente
parece tranquilizador —que nada cambie— termina siendo una existencia
detenida.
Pero hay una ironía importante: los personajes parecen querer conservar sus
vidas tal como son, pero esa conservación absoluta termina siendo una especie
de muerte simbólica.
La dinámica del sueño se puede resumir así:
• La relación entre el tiempo y el
cambio:
Lightman juega con un concepto filosófico y físico: el tiempo no es un río
absoluto que fluye independientemente de la materia, sino que se mide y se
experimenta a través del cambio. Sin mutación, el tiempo pierde su
sustancia.
• La resistencia humana al
cambio:
Las parejas se sienten cómodas en su complacencia. Representan la tendencia
humana a buscar la estabilidad extrema para evitar la incertidumbre. No
obstante, esta búsqueda de seguridad absoluta congela sus vidas, despojándolas
de dinamismo y evolución.
• La ilusión del movimiento:
Aunque los relojes avancen mecánicamente, la existencia de los personajes no
lo hace. Existe una paradoja entre el tiempo cronológico (el calendario dice
que ha pasado un año) y el tiempo existencial (nada ha sucedido, por lo que el
tiempo real se ha detenido).
Texto de la Interpretación por Isaías Medina, con la
asistencia de IA
Enlace a todos los Sueños de Einstein, publicados en El Indagador
TecnoCientífico
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